María Belmonte
6 menciones · 1 obras · 1 episodios · de 2025-03-20 a 2025-03-20
En diálogo con
Menciones
A vista de pájaro: reflexiones aéreas · 39:58 · Los senderos del mar: un viaje a pie · entusiasta
«y otro es Los senderos del mar, un viaje a pie»
Presentan este segundo libro, editado en Acantilado, sobre el viaje a pie de la autora por la costa vasca, como pareja de lectura del anterior porque, dicen, «dialogan muy bien».
A vista de pájaro: reflexiones aéreas · 40:33 · Los senderos del mar: un viaje a pie · entusiasta
«embargo, cuando María Belmonte pasea por la costa, que es todo lo que cuenta en el libro, es su viaje»
Explica que en su viaje a pie por la costa vasca, la autora percibe la costa como algo vivo, una entidad ajena a quien la observa, con personalidad propia.
A vista de pájaro: reflexiones aéreas · 42:30 · Los senderos del mar: un viaje a pie · entusiasta
«También Belmonte, en esos paseos,»
Cita a Belmonte hablando de la historia «omnipresente y antiquísima» que se teje en el incesante diálogo entre la roca y el agua desde el inicio de los tiempos, un diálogo del que es testigo al pasear por la costa vasca.
A vista de pájaro: reflexiones aéreas · 42:55 · Los senderos del mar: un viaje a pie · entusiasta
«se convierten en herramientas punzantes»
Cita el pasaje en el que Belmonte describe cómo el mar, al alcanzar la costa, arranca fragmentos de roca que se convierten en herramientas punzantes que deshacen el acantilado; comentan que la palabra «punzante» aparece muchísimo en el libro.
A vista de pájaro: reflexiones aéreas · 44:31 · Los senderos del mar: un viaje a pie · entusiasta
«Otra de las cosas que se dice, sobre todo en el libro de Belmonte,»
Explica que Belmonte pone el foco en la orilla como frontera por excelencia, un «mundo marginal» de encuentro entre tierra y agua que no deja de transformarse, lleno de vida que aparece y desaparece con las mareas.
A vista de pájaro: reflexiones aéreas · 45:18 · Los senderos del mar: un viaje a pie · entusiasta
«haciendo su viaje y contándonos el recorrido»
Cuenta que Belmonte relata que no siempre puede caminar junto al mar, y que cada vez que volvía a verlo tras un desvío obligado sentía que tenía que pararse, como una especie de saludo.